Artículo: “Efeméride”, por nuestro colegiado Manuel Alcántara, publicado en la Esquina Desnuda el día 7 de noviembre de 2018

Artículo: “Efeméride”, por nuestro colegiado Manuel Alcántara, publicado en la Esquina Desnuda el día 7 de noviembre de 2018

Desde el Colegio os recomendamos el artículo “Efeméride”, por nuestro colegiado Manuel Alcántara, publicado en la Esquina Desnuda el día 7 de noviembre de 2018

 

Manuel Alcántara Sáez es catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Salamanca. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología y Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid.

 

Ha dictado cursos en distintas Universidades españolas y en Universidades extranjeras. Sus principales líneas de investigación giran en torno al estudio de las elites parlamentarias, los partidos políticos y los poderes legislativos en América Latina. Igualmente, desarrolla investigaciones sobre comportamiento electoral y opinión pública en Castilla y León.

 

Efeméride

 

Hay fechas que resultan mojones en la vida pública. Difieren en relación con el ámbito que alcanza su significado, la amplitud y el grado de su afectación. Pocas tienen carácter universal, de manera que se diría que la relación de su número es inversa al tamaño del grupo afectado. En los pueblos pequeños los aniversarios de los acontecimientos se recuerdan bien y ayudan a dar sentido a la cotidianeidad. Los regidores nacionales se ocupan mucho de que determinados días sean imprescindibles para que el relato constituyente desempeñe su función. La iglesia contribuyó también a ello desde tiempo inmemorial mediante el instrumento del santoral. Si cada día tiene su afán, su engarce con el pasado favorece dar una continuidad a la existencia para que no parezca que esta surja de la nada. Las chinchetas que los burócratas pinchan en los calendarios son actos aparentemente necesarios para la convivencia social y elevan a una categoría distinta bien sea el cumpleaños privado, el obituario, o la fecha del compromiso de los novios que la tradición exige honrar.

 

La casualidad ha hecho que en las últimas semanas leyera tres libros que tienen como trasfondo la guerra civil española y que cayera en mis manos un cuarto que grafica la historia de mi barrio madrileño. Los textos tienen un sentido biográfico, aunque Martínez de Pisón en Filek novele la vida del estafador austriaco; Fernando Castillo, escriba en La extraña retaguardia las miserias de esta en Madrid; y la nieta de Concha Méndez, poeta y esposa de Manuel Altolaguirre, la biografíe en Memorias habladas, memorias armadas. Todas esas lecturas me recuerdan que el 8 de noviembre de 1936 fue el día clave en la defensa de Madrid por parte de las milicias populares que detuvieron la ofensiva del ejército africanista que, procedente del sur, llegaba a la capital en avance triunfal desde julio. Estoy seguro de que nadie va a recordar nada. Han pasado 82 años y lo que aquel día aconteció para muchos puede parecer apenas un lance más de la guerra.

Cuando bajo por el paseo de Extremadura y atravieso el río por el puente de Segovia antes de comenzar la subida hacia el viaducto soy consciente de lo que supuso aquel día. Imagino a las baterías del ejército regular batiendo a los barrios castizos y el esfuerzo voluntarista de unas brigadas mal pertrechadas y escasamente entrenadas en un choque desaforado y decisivo para que no capitulara la capital y mantener viva la República. Las fotos que he visto en el libro del barrio alumbran mi imaginación más fácilmente. Sé que son retazos de un tejido urbano que yo alcancé a ver veinte años después de aquella locura. Rastros de una historia que fue la de mis abuelos y que hoy se desvanece entre el tráfico, la prisa de los escolares que van apurados a clase, la llegada de gentes de ultramar o del este de Europa que ignoran que allí mismo se libró una batalla. Es una efeméride que hay que rememorar.

 

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