Artículo: “De aromas y sonidos”, por nuestro colegiado Manuel Alcántara, publicado en la Esquina Desnuda el día 16 de septiembre de 2020

Artículo: “De aromas y sonidos”, por nuestro colegiado Manuel Alcántara, publicado en la Esquina Desnuda el día 16 de septiembre de 2020

Desde el Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla y León les recomendamos el artículo: “De aromas y sonidos”, por nuestro colegiado Manuel Alcántara, publicado en la Esquina Desnuda el día 16 de septiembre de 2020.

«De aromas y sonidos»

https://elpais.com/ciencia/2020-08-24/el-cambio-climatico-altera-el-aroma-del-planeta.html

Leo en algún lugar: “Las plantas, los hongos, las bacterias y todos los animales, incluidos los seres humanos, desprenden compuestos orgánicos volátiles para comunicarse en función de la situación en la que se vean sometidos. Si este mecanismo se ve alterado, los seres vivos pueden perder su lenguaje, sus capacidades de reproducción y protección. El aroma funciona cómo un diagnóstico de la salud del ecosistema. Es una herramienta que permite medir su estado, su vulnerabilidad y los cambios que ha sufrido”. Pero el problema es, precisamente, el de su medición que permita la comparación en el espacio y en el tiempo. Conocer la diferencia del aroma que desprende un hayedo del que emana de un trigal o su variación con respecto a hace décadas es un reto que requiere una técnica muy sofisticada que ignoro si existe porque el artículo que es la fuente de la cita no lo explicita.

El protagonista masculino de Desierto sonoro, la última novela de Valeria Luiselli, se dedica a grabar sonidos para un repositorio que recoja a lo largo de varios momentos los rumores y los ecos registrados en diversos lugares. El centro de una gran ciudad, las riberas de un río de montaña o del que transcurre en el valle, el viento atizando la ladera del cerro punteado de olivos, la costa rocosa batida por las olas, el corazón de un bosque al mediodía, el amanecer en el pequeño pueblo, el ocaso en la pradera. Se trata de captar una huella más de la existencia. El vestigio del impacto humano en un espacio que aparentemente está vacío de su presencia, pero donde un avión lo sobrevuela a diez mil metros de altura o llega el lejano rumor del tráfico de una autopista o del trabajo de unos tractores en lontananza.

La historia y la sociología están acostumbradas a trabajar con documentos o con relatos. La escritura y la oralidad se han impuesto siempre como vehículos para construir narraciones interpretativas de lo que acontece. Una forma de escritura fue la pintura neolítica hecha de trazos, pero pronto tuvo una configuración adecuada y tiempo después generó una forma de expresión propia. En un salto, la fotografía amplió el panorama. La música, gracias a su transmisión oral y luego por su traducción a un lenguaje ajustado, pudo también tener continuidad en su expresividad. Sin embargo, los sonidos de la naturaleza y de la actividad cotidiana humana quedaron inaprensibles, también los olores. Configuraron un espectro que discretamente siempre estaba ahí y cuya animación se daba perenne.  No había una evidencia expresa porque a lo sumo el batir del viento contra las encinas o el aroma de un guiso había sido traspuesto a un relato. Pero ¿aquello a lo que se refería el abuelo o que se describía en la comedia griega era lo mismo de hoy? Dejando de lado la relevante subjetividad del observador construida en cada momento tanto por su entorno como por su experiencia ¿no estamos frente a innovaciones extraordinarias?

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