Artículo: «Libros», por nuestro colegiado Manuel Alcántara, publicado en la Esquina Desnuda el día 16 de enero de 2020.

Artículo: «Libros», por nuestro colegiado Manuel Alcántara, publicado en la Esquina Desnuda el día 16 de enero de 2020.

Hoy les recomendamos el artículo «Libros», de nuestro colegiado Manuel Alcántara, publicado en la Esquina Desnuda el día 15 de enero de 2020. 

 

«Libros»

Hay gente que vive entre libros. Por profesión o por vocación. Manejándolos en una biblioteca o haciendo de ellos una mercancía. Escribiéndolos o editándolos. Imprimiéndolos o corrigiéndolos. Analizándolos o estudiándolos. Leyéndolos sin parar o solazándose ante la biblioteca familiar que inició el abuelo.

Hay personas que no pueden vivir sin ellos, otras cuya ausencia no significa desazón alguna, una minoría quemaría cierto número. Hay individuos que solo regalan libros y muchos los que al recibirlos los colocan en estanterías hasta que el polvo no permite leer el título. Hay quienes hablan con ellos, quienes los subrayan, quienes anotan ocurrencias, quienes dejan recuerdos entre sus páginas, quienes incorporan al final el juicio crítico tras su lectura, quienes escriben libros de libros, pero también quienes los dejan impolutos, aunque su contenido los haya penetrado hasta lo más íntimo, quienes los dejan abandonados en cualquier sitio, quienes se niegan a prestarlos ni a su ser más querido.

Hay libros de muchas clases. El formato, pero sobre todo el contenido, son criterios de clasificación. Así mismo lo son la autoría, el lugar o la fecha de edición. Todas ellos configuran pistas de su naturaleza individual contribuyendo a que cada ejemplar sea único. Su engarce con el devenir de la humanidad es total: “tener un hijo, plantar un árbol, escribir un libro”, es el mantra definitorio de un patrón de vida, una guía civilizatoria.

El libro como producto humano y como trascendencia, pero también cabe decir como acumulación del saber y como recipiente de belleza. El libro en su papel contradictorio como aclaración de las incertidumbres y como provocación de nuevas dudas, como cúmulo de razones para vivir y, a la vez, de cuestionamientos del sentido de la existencia. El libro para dar fe y para quitarla, para sufrir y para gozar, para dar la vida y la muerte. Aunque la polémica permanece abierta y la militancia por una causa o la otra sea acérrima es indiferente el soporte: papel o digital, leído o escuchado, me resulta igual, cada época tiene su afán.

Leo con fruición y desorden. Compro libros cuya lectura queda pendiente para momentos que nunca encuentro. A veces es un tema obsesivo el que me conduce a ellos, otras es una venturosa recomendación, algunas es el azar, en la mayoría de los casos persigo al autor. Nunca dejo sin terminar un libro empezado, aunque me pese.

Me gusta hablar de libros, pero sobre todo escuchar a quienes saben de ellos, percibir la relación que los vincula, la forma en que afecta a su valoración. Me encanta leer reseñas y crítica literaria para comprender la dimensión escondida para un profano de lo que no es aparente, conocer la historia que hay detrás, el contexto de quien lo escribió, la técnica que se utilizó, saber algo más. Escuchar, perplejo a la vez que fascinado, de un profesional la afirmación con convicción y con una sonrisa que me parece enigmática que nunca lee novelas porque “la fantasía y la ficción las lleva uno dentro”.

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