Artículo: “La insufrible falta de realismo del presente”, por Paul Mason (Social Europe), public ado en la Revista Contexto el día 14 de agosto de 2019

Artículo: “La insufrible falta de realismo del presente”, por Paul Mason (Social Europe), public ado en la Revista Contexto el día 14 de agosto de 2019

Desde el Colegio les recomendamos el artículo: “La insufrible falta de realismo del presente”, por Paul Mason (Social Europe), public ado en la Revista Contexto el día 14 de agosto de 2019

La insufrible falta de realismo del presente

Las políticas actuales se basan en dos supuestos falsos: que el sistema puede abandonar las emisiones de carbono y que el dinero fiduciario puede compensar las crecientes deudas
Paul Mason (Social Europe)

kr428
14 de Agosto de 2019

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Lo que caracteriza al momento histórico actual es una sensación generalizada de falta de realismo entre las élites. Los discursos oficiales ya no se utilizan como guías para la acción, las leyes no se aplican y las regulaciones se ignoran.

El símbolo por excelencia de la falta de realismo en el mundo está representado en dos gráficos. El primero es la predicción de la Oficina de Presupuestos del Congreso (OPC) de Estados Unidos de la relación entre deuda y producto interior bruto hasta 2048.

La deuda como porcentaje del PIB per cápita en Estados Unidos a lo largo del tiempo y previsiones de futuro.

La deuda como porcentaje del PIB per cápita en Estados Unidos a lo largo del tiempo y previsiones de futuro.

Este gráfico predice los niveles de deuda que habrá en tiempos de guerra en 2030 –exceptuando los períodos de paz– motivados principalmente por la determinación de EE. UU. de seguir gastando en defensa, seguridad social y Medicare sin aumentar los impuestos y como porcentaje del PIB. A diferencia de lo que ocurría en la Segunda Guerra Mundial, no hay un plan realista –ni siquiera una intención declarada– para reducir esta acumulación de deuda. Por primera vez en la historia del capitalismo industrial, una gran economía está acumulando una cantidad de deuda en tiempos de paz imposible de reducir de un modo realista.

De acuerdo con las proyecciones de la OPC, en los próximos 30 años el PIB de EE.UU. aumentará de 20 a 65 billones de dólares, mientras que su deuda crecerá rápidamente y pasará de 16 a 97 billones de dólares. El déficit se situaría entonces en un 8% al año, y esto provocaría que los principales economistas exigieran una austeridad a una escala insostenible en la América de hoy. La hipótesis subyacente es que la población de EE. UU. aceptará el derrumbe de su nivel de vida, que el mundo seguirá comprando la prensa de EE. UU. o que el Estado imprimirá dinero para salir de la insolvencia.

Ahora observemos la segunda prueba: una gráfica procedente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático que muestra hasta qué punto tenemos que reducir drásticamente las emisiones de CO2 en los próximos 20 a 35 años si queremos evitar un colapso incontrolable y catastrófico.

Emisiones de CO2 en el mundo y reducción necesaria para alcanzar cero emisiones en 2040 o 2055.

Emisiones de CO2 en el mundo y reducción necesaria para alcanzar cero emisiones en 2040 o 2055.

Para lograr estos niveles, dice la directiva de Prevención y Control Integrado de la Contaminación (IPPC, por sus siglas en inglés), “se requerirán transiciones rápidas y de gran alcance en la energía, la tierra, las ciudades y las infraestructuras (incluidos los transportes y los edificios), y los sistemas industriales”, lo cual requerirá “un aumento considerable de las inversiones en esas opciones”.

La pregunta estratégica a la que se enfrenta la humanidad

La única pregunta estratégica a la que se enfrenta la humanidad es si los países del mundo desarrollado que están enormemente endeudados están preparados para encontrar los recursos necesarios para llevar a cabo esta transformación. La siguiente pregunta es si, para lograrlo, estamos preparados para acabar con la influencia política de la industria de los combustibles fósiles y del sector financiero que evade impuestos. Hasta que no respondamos a estas preguntas, estamos perpetuando la cultura de la falta de realismo.

En EE.UU. ha surgido un poderoso movimiento nuevo que quiere conseguirlo. El New Deal Ecológico, que ha publicado como proyecto de ley en el Congreso la nueva representante por Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez, promete compromisos de gasto de diez años que sus críticos elevan hasta un total de 6 billones de dólares adicionales al año. Los defensores del New Deal Ecológico rechazan esa cifra. Según la llamada teoría monetaria moderna, argumentan, el precio se puede pagar en todas las circunstancias mediante la emisión de deuda e imprimiendo dinero, por lo tanto la cifra es irrelevante.

Aunque aplaudo su descaro, en cierto modo se basa en las mismas suposiciones que la política fiscal del presidente Donald Trump: que el dinero fiduciario permite al estado controlar la dinámica tradicional de la deuda para siempre. Dicho de otro modo, la dinámica interna de un sistema de mercado capitalista –en el que, en un momento dado, una deuda alta genera inestabilidad y la depreciación de la moneda, y el coste que le supone a un gobierno el endeudamiento crea una espiral fuera de control– puede eludirse por decreto.

El único modo de insuflar realismo a este debate es plantear una pregunta que ni los miembros de la élite de Davos ni los demócratas progresistas –ni siquiera el movimiento más ecologista– están preparados para considerar: ¿las soluciones son compatibles con el capitalismo?

La tecnología en rebelión

En Postcapitalismo: hacia un nuevo futuro (2015), argumenté que no lo son. El mayor problema para la sostenibilidad de la deuda de EE.UU. (o, para el caso, Japón y la eurozona) no es si el sistema financiero puede sobrevivir con dinero fiduciario, sino que la tecnología de la información se ha rebelado contra las instituciones sociales y económicas que la rodean.

Se genera demasiado poco valor en una economía informativo-capitalista para justificar el tamaño de la actual acumulación de deuda, los déficits continuos o las previsiones fiscales de las principales estados. La tecnología de la información crea caídas exponenciales en los costes de producción de información, elementos informativos y algunos bienes y servicios físicos. Genera grandes cantidades de herramientas de forma gratuita, a través de los efectos de red, y tiende a democratizar y abaratar la innovación.

Suprime los mecanismos de adaptación normales, por medio de los cuales la innovación origina nuevos bienes con mayores costes de producción (incluida la mano de obra) y que permiten un empleo mejor remunerado. Asimismo, la automatización tiene la capacidad de erradicar el 47 % de los empleos o el 45 % de las actividades.

En los últimos quince años hemos construido un sistema enormemente disfuncional que es insostenible en todos los supuestos tradicionales. Se trata de un sistema de monopolios únicos y permanentes, con un enorme afán de enriquecimiento y explotación económica, la creación de empleos de salarios bajos y de baja calificación diseñados para mantener a las personas dentro del sistema de extracción de datos y crédito, y asimetrías masivas de poder e información entre las empresas y los consumidores.

Como consecuencia, el tan esperado despegue de la cuarta revolución industrial no está ocurriendo. Por mucho que los economistas schumpeterianos predigan su llegada inminente, a no ser que los estados desempeñen un papel más activo en la coordinación industrial, no puede tener lugar dentro de una economía de mercado global enormemente endeudada y monopolizada.

Un rediseño rápido del sistema

De este modo, junto con la transición a una economía sin emisiones de carbono, necesitamos un rediseño rápido del sistema, en el que el sector comercial se reduzca respecto al sector público, surja un sector colaborativo ajeno al mercado, el dinero deje de funcionar como una reserva de valor y haya una rápida reducción de las horas de trabajo dentro del sistema salarial.

Si se observa con detenimiento la previsión de deuda para EE. UU. y una gráfica como la Figura 3 –que muestra lo rápidamente que la humanidad ha arruinado el mundo al usarlo como un desagüe para los procesos con altas emisiones de carbono– resulta obvio que el capitalismo ha alcanzado un punto crítico. Está demasiado endeudado para continuar igual y demasiado enganchado al carbono desde un punto de vista estructural. O aquellos a los que se les debe la deuda y aquellos que poseen los derechos para quemar el carbono entran en quiebra, o el clima mundial se vendrá abajo.

Emisiones anuales de CO2 (miles de millones de toneladas al año) por regiones. 

Emisiones anuales de CO2 (miles de millones de toneladas al año) por regiones.

A medio plazo necesitamos otro tipo de capitalismo, pero no será estable ni permanente. Incluso así tendrá que crearse a través de algo que parecerá una revolución. Tendrá que desincentivar el uso del carbono al tiempo que redistribuye la riqueza profusamente y permite que el hemisferio sur siga desarrollándose, además de superar las enormes tergiversaciones estructurales creadas por los monopolios tecnológicos, rentistas, especuladores financieros, y estados y empresas que acaparan datos.

Pasar al postcapitalismo no implica erradicar las tendencias del mercado de la noche a la mañana ni aceptar los métodos de planificación de mando de la economía soviética. El objetivo es diseñar una transición controlada en la que las fuerzas del mercado dejen de operar como el principal distribuidor de bienes y servicios del planeta, en la que el estado se contraiga y la montaña de deuda se reduzca.

La tecnología de la información facilitará un movimiento más allá de la escasez en grandes sectores de la economía. El cambio climático exige que erradiquemos ciertos modos de usar el carbono. La dinámica de la deuda mundial, combinada con el problema del envejecimiento, implica que necesitamos algo más radical y sostenible que el dinero fiduciario y una acumulación de deuda que nunca se saldará.

¿Demasiado estridente?

Cuando en Postcapitalismo advertí de que si no abandonábamos el neoliberalismo, la globalización desaparecería, el Financial Times calificó esta advertencia de “innecesariamente estridente”. Ha resultado que no era suficientemente estridente.

Teniendo en cuenta que Trump ha sacado a EE. UU. del acuerdo climático de París, su homólogo brasileño, Jair Bolsonaro, está dispuesto a incendiar el Amazonas, y que hay poderosos movimientos por toda Europa en defensa del estilo de vida basado en los coches que funcionan con diésel, únicamente una idea nueva, grande y global podrá invertir la situación.

En estas columnas que escribiré para Social Europe describiré lo que eso significa para las nuevas alianzas políticas progresistas que deben formarse, cómo deben luchar de un modo inteligente en la guerra cultural que se avecina y por qué el estado –dejado de lado durante tanto tiempo por los movimientos medioambientales y de justicia social– se sitúa en el centro de la solución.

El doble supuesto tecnocrático de nuestro tiempo –que el sistema social actual puede reducir a cero las emisiones de carbono y que el dinero fiduciario puede compensar las crecientes deudas para siempre– es lo que hace que tantas políticas resulten tan poco realistas. Tenemos que ser realistas.

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Este artículo se publicó originalmente en Social Europe.

Traducción de Paloma Farré.

Autor

  • Paul Mason (Social Europe)

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