Masculinidades e Igualdad: Donald Trump, ejemplo de abuso, coacción y dominación patriarcal, por Mª Jesús Rosado Millán, Presidenta de la Fundación iS+D

Masculinidades e Igualdad: Donald Trump, ejemplo de abuso, coacción y dominación patriarcal, por Mª Jesús Rosado Millán, Presidenta de la Fundación iS+D

Masculinidades e Igualdad: Donald Trump, ejemplo de abuso, coacción y dominación patriarcal, por Mª Jesús Rosado Millán, Presidenta de la Fundación iS+D

 

Desde la Fundación iS+D presentan la novena entrada correspondiente a la serie “Masculinidades e Igualdad” del Blog de la Fundación iS+D, a través de la cual se exponen y dan a conocer estudios, investigaciones, reflexiones y artículos de diferentes investigadores/as sobre estudios de género y, en particular, sobre masculinidad e igualdad.

 

 “Donald Trump, ejemplo de abuso, coacción y dominación patriarcal”

 

Durante las Revoluciones Neolíticas, el descubrimiento de la paternidad biológica, la agricultura sedentaria y la domesticación de animales afectaron profundamente la forma de entender la sexualidad y las relaciones sexuales.

Paternidad biológica:

El descubrimiento de la paternidad biológica tuvo importantes repercusiones sobre la organización de la sexualidad humana. La paternidad no es perceptible por ninguna de los sentidos, lo que la transforma en una idea en la que hay que creer.

Este hecho hizo a los hombres dependientes de las mujeres, por dos razones: una, porque necesitaban que la mujer -que sí sabe que está embarazada- les informase sobre el hecho; otra, porque requería fiarse de dicha información sin que el hombre pudiese tener la certeza empírica de la misma. Esta imperceptibilidad paternal debió suscitar dudas en los hombres: ¿Cómo saber si ese hijo es mío? Afortunadamente para el colectivo varonil, las pruebas de ADN han venido a despejar esas dudas, pero esto es muy reciente en la historia de la Humanidad, y desde luego, inexistente en el periodo en el que se descubrió la paternidad biológica.

El descubrimiento de la paternidad biológica tuvo importantes repercusiones sobre la organización de la sexualidad humana.

La única forma de intentar controlar la veracidad de la paternidad era limitando la promiscuidad femenina. Pero no hay que pensar que dicho control fuese ejercido únicamente por los varones, ya que si las propias mujeres querían saber quién era el padre de su descendencia, necesitaban controlar su propia promiscuidad sexual.

En consecuencia, el desarrollo de la sexualidad femenina se iba a cimentar sobre el control de su sexualidad, lo que poco a poco se fue transformando en lo que se podría denominar la «antisexualidad», es decir, la represión de la misma, al tiempo de que hizo dependientes a las mujeres de un solo hombre para su disfrute sexual.

¿Qué pasaba con los hombres? La limitación de la sexualidad femenina no tenía por qué significar la limitación de la masculina. De hecho así ocurrió: la promiscuidad de los varones se fomentó. ¿Cuáles fueron las causas que intervinieron en el fomento de la promiscuidad sexual masculina?

Sedentarización:

Otro factor que intervino en el desarrollo de una sexualidad diferenciada mujer-hombre fue la sedentarización. El nacimiento del sentimiento de propiedad y la necesidad de su defensa hicieron surgir la guerra, que a su vez, trajo consigo la conciencia del poder como dominación. Esta conciencia fue desarrollada principalmente por los hombres al asumir las actividades bélicas debido a su mayor «prescindibilidad» para la reproducción. En unos momentos en los que el crecimiento de la población era extremadamente necesario por las frecuentes escaramuzas entre rivales por los recursos, el varón pasó a ejercer la función de «semental», lo que significaba que los guerreros tenían que poner su semilla entre combate y combate, y estar siempre disponibles para la «siembra».

En una época en la que la guerra se convirtió en una de las actividades de la vida diaria, el crecimiento de la población garantizaba disponer de suficientes efectivos para llevarlas a cabo.

Estos hechos afectaron a la sexualidad de hombres y mujeres, que comenzaron a desarrollarse de forma diferencial. Mientras que las primeras veían reprimidos sus deseos sexuales, los segundos eran incentivados a desarrollarlos para estar sexualmente disponibles, teniendo en cuenta que el ejercicio sexual por parte de los varones requiere su previa excitación.

Pero la sexualidad femenina no se iba a limitar por igual para todo el colectivo. Hubo una parte de las mujeres a las que se las incentivó su promiscuidad: las prostitutas. Surgirían así dos modelos de mujer: la madre, reprimida sexualmente, cuya función era la reproducción; y las prostitutas, cuya misión consistiría en dar placer a los hombres. Aquí aparecen ya claramente delimitados las dos finalidades del ejercicio de la sexualidad: la reproducción y el placer.

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 Mª Jesús Rosado Millán, es Presidenta de la Fundación iS+D, Licenciada en Sociología y Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Funcionaria del Cuerpo de Técnicos Superiores de la Administración General de la Comunidad de Madrid. Profesora asociada de la Universidad Carlos III de “Género y Políticas de Igualdad” en la licenciatura de Sociología. Co-Directora de la Revista electrónica Prisma Social de Ciencias Sociales. Profesora de los cursos de formación de la Fundación iS+D.

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